viernes, 4 de julio de 2008

Primavera

El día estaba hermoso. Dos jovencitos descubridores recientes de la vida se reúnen un lugar, que en este momento, no importa cual fue. Todo parecía perfecto para el encuentro: soplaba una suave brisa primaveral, que se mezclaba con aromas propios de esta época del año, donde los amantes manifiestan su amor rodeados de una fiesta de flores y colores que vienen reemplazando las tonalidades grises y frías del invierno.En fin, les contaba de estos jóvenes reunidos en este día primaveral. Los vi salir de la casa en dirección a la plaza, sonriendo felices. Nada parecía perturbarlos y nadie intentaba quitarles la felicidad que llevaban tan a flor de piel. Se sentaron en los juegos de madera de la plaza. Muy juntos, como si no hubiera habido espacio. Al mirarlos, se podía sentir su alegría. Hablaban despreocupadamente y se dirigían miradas furtivas, como si el mundo estuviera pendiente de ellos. Y es que cuando la felicidad es así, juvenil y mezclada con un poco de cariño, te sientes como la persona más grande del planeta. Sientes que este bello mundo gira alrededor tuyo y de la persona con la que compartes ese momento que se ha transformado en especial. Hay que aceptarlo: hay personas que pueden convertir el peor de tus días en un súbito arranque de locura. Sientes que tu pecho va a explotar, lanzando colores, alegría y magia en todas direcciones. Y desearías entregar todo esto al resto del mundo, que no se ve tan jubiloso como tú. Y piensas: “¿por qué la gente se ve tan indiferente y triste por la calle, si no hay nada mas lindo que estar vivo?”Al rato de estar sentados en los juegos, el frío pareció incomodarlos. Se levantaron juntos y caminaron hacia la casa de donde habían salido. Ella lo abrazó por atrás y él la recibe feliz, correspondiendo ese abrazo con otro lleno de dulzura. Que nostalgia se siente al ver a dos jóvenes tan felices, tan felices. Como si en ese momento fueran tan fuertes, que todos podrían ir en contra de ellos sin lograr detener su paso. Es ese amor de jóvenes que construye un campo de fuerza alrededor de los tórtolos y nada podrá herirlos. Ningún viento soplará demasiado fuerte y ni el frío ni la noche lograran obstruir el paso.Al llegar a la salida de la sala, aún los observo. Ella le da un cariñoso beso en la mejilla. Se toman de la mano dulcemente y caminan calle arriba. Lucen radiantes, como solo lucen dos personas que sienten que acaban de encontrar esa persona a quien estaban esperando hace tiempo para que trajera el color y la alegría de vuelta a sus vidas. Ríen, van de un lado a otro del camino y no les importa nada. Se sienten como en un sendero en la mitad del bosque, por el cual pueden caminar sin que nadie los moleste, sin que nada se interponga.Antes de entrar a la casa, estando aún de pie en la vereda, él la queda mirando, sonriendo ligeramente más con los ojos que con los labios. A su alrededor se oscurecía cada vez más: las nubes se volvieron de color púrpura y anaranjado y las primeras estrellas empezaron a brillar. Llegó el momento que ambos sabían que vendría: todo lo que podrían haber callado lo dijeron en ese beso. Luego de ese breve, pero interminable a la vez, momento, entraron a la casa.
Cinco minutos después...
Salieron juntos de la casa, tomados de la mano y con una sonrisa iluminada por la luz de las estrellan en sus juveniles rostros. Se perdieron calle abajo y yo mirándolos desde aquí, pienso en cuan maravillosa fue esa época, donde nos sentíamos invencibles, sentíamos que nada se interpondría en nuestros sueños. Disfrutarlo es lo más importante, porque cuando envejecemos, todo parece más difícil. Pareciere que con el tiempo alguien olvidó ir podando el sendero de la vida, que se va poniendo cada vez más inaccesible y cada vez presenta más dificultades. Y pareciere que las ramas de los árboles que no han sido podados no nos dejan recibir los alentadores rayos del sol o el brillo de las estrella, sino que nos encontramos atrapados entre ramas y hojas que nos impiden ver el mundo sin límites, sin fronteras.El tiempo pasa, pasa, pasa. Y no pasa en vano.

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